La Sevillana y nuestra tendencia a mirar lo que no hay.


Mi marido y yo solemos tener largas y a veces profundas charlas de diferentes temas, así que el hecho que Leo nos encontrará en la mesa del comedor inmersos en alguna de estas pláticas no fue ninguna novedad.


Alejandro (mi marido), había recogido en una fiesta de cumpleaños de niños, el fin de semana anterior, una sevillana (oblea rellena de cajeta) y Leo que recién regresaba de jugar con sus amigos entró a la casa en el momento en que su papá le encajaba el diente con singular alegría a tan preciada golosina, sin percatarnos de lo que pasaba Leo comenzó a llorar en el baño.


-¿Que te pasó?- le preguntamos. Entre sollozos poco entendíamos lo que Leo decía.

Cuando mi marido terminó de comerse el dulce, el estallido emocional fue mayor. De repente lo que no entendimos con palabras terminó siendo evidente ante el estallido emocional.

-“Yo quería ese”-dijo Leo, mientras se azotaba y revolcaba cuál gusano con sal en el piso. (Si has intentado enseñarle modales a un chimpancé bebé y esperar resultados positivos en tu primer acercamiento sabrás a lo que me refiero cuando te digo que es imposible racionalizar y darle explicaciones a alguien cuando su sistema nervioso está teniendo una descarga, ¡es una verdadera locura y una total incoherencia!) La razón no cabe en ese momento y no se es capaz de dimensionar que “no es para tanto” o que existen otras soluciones. Noup. Cuando el reptil (el cerebro) se apodera de nosotros, la razón se escapa por la ventana y esto no es cosa de niños. ¡Nos pasa a todos! De 0 a 99. Así son las emociones.

Regular el sistema nerviosos y permitir la abreaccion emocional es mi trabajo, y sé hacerlo bastante bien , pero cuando el sujeto en cuestión es un experto en saber apretar “todos mis botones” la cosa adquiere un tono especial. Mi hijo es mi más grande maestro, y uno por demás bastante exigente, con el cual no siempre apruebo todas las lecciones.

Respirar, permitir, sostener el espacio, acompañar sin abandonar, sin juicios parece fácil. La mayor parte del tiempo no lo es.

Pero detrás de cada crisis siempre hay un regalo esperando por ser descubierto al final. Así que vale atravesar cada GRAN marejada.

Mientras Leo pateaba y se revolcaba en el piso, respire profundo y decidí quedarme cerca de él. Sentarme y observarlo (como lo hago en el consultorio cuando animo a mis pacientes a expresar sus emociones, sosteniendo el espacio y respirando junto con ellos)

Cuando mire que su impulso había bajado, dije:

-¿te gustaría un dulce abrazo de mamá?-le pregunté.

Refunfuñando se fue acercando hasta quedar debajo de mis pies.

-“No tengo fuerzas para levantarme”-dijo, le ofrecí mi mano y le ayudé a pararse. Mi movimiento era limitado ya que en la otra mano sostenía en brazos a su hermana.

Se sentó a mi lado y lo abracé.

-Veo que de verdad querías ese dulce- le expresé.

-Si (y de nuevo comenzó a llorar)

De nuevo permití el llanto, ahora ya permitiéndome estar más cerca de él y abrazarle (esto no siempre es posible porque a veces el contacto puede sentirse o vivirse como una invasión y puede resultar amenazante para algunas personas)

-Leo vamos a recapitular lo qué pasó, entraste a la casa y viste a papá platicando conmigo mientras se comía un dulce y tu ¿que hiciste?-pregunté

-Entre al baño y me puse a llorar-contestó

-¿en algún momento le dijiste a papá que tú querías que te compartiera del dulce que estaba comiendo?

-No, pero él no me dió

-¿y como iba a saber papá que tú querías que te compartiera de su dulce? No le pediste que te compartiera…

-¡no voy a darle nada a papá!

-Estás muy enojado con papá, pero yo me pregunto ¿cómo pudo haber hecho algo que te molestara si ni siquiera supo lo que tú querías?

Hacer preguntas invita al neo cortex a entrar(la parte del cerebro que analiza, reflexiona,etc)

-“No se, pero yo me voy a comprar un dulce como ese y no le voy a dar”-dijo mientras se cruzaba de brazos.

(Esta parte que siempre quiere tomar venganza por el mal que creemos que nos hicieron los demás se le conoce en pathwork como el ser inferior, la mayor parte del tiempo nos hicieron sentir mal por expresarla o actuarla)

-¿quieres que papá sienta lo que tú sentiste?

-Sí.

-Oye Leo ¿te das cuenta que te sentiste muy mal porque viste a papá comerse un dulce que él recogió en la fiesta para él y tu tienes muchos más que te regalaron guardado en tu caja?

-Sí, pero no tengo ninguno como el que se comió papá.

-¿Que podrías hacer la próxima vez que veas a papá comiéndose un dulce y tu quieras?

-No lo sé- pronunció tímidamente mientras se encogía de hombros.

-¿se te ocurre algo diferente a lo que hiciste hoy? Le pregunté.

-Podría comprar uno para mi y uno para papá.

-eso podría ser una alternativa.

-¿se te ocurre algo más? Se quedó pensando…

-A mi se me ocurre que podrías pedir lo que quieres en el momento en que aún tienes oportunidad y también se me ocurre que puedes darte cuenta de todas las otras cosas que si tienes en lugar de concentrarte en la única que no. (Aquí con su neocortex ya en verde, yo quise llevar a profundizar más en el aprendizaje y el re encuadre de la situación)

-¿quieres contar todos los dulces que tienes guardados?

-¡Sí!-Gritó entusiasmado.

Seguido de esto saco toda la caja de dulces que tiene guardados desde el Halloween pasado y se puso a contarlos.

-Mamá, ¡soy rico de dulces! ¡tengo 82! (Si, los contó uno por uno)

cuanta abundancia de dulces!! ¡Casi no puedo creer que estabas llorando por uno, cuando tienes 82 de diferentes colores y tamaños!-exclamé entusiasmada, mientras le veía su carita de nuevo brillar.

-¿me puedo comer uno?

claro! Aún te quedan 81 más!-le dije

En ese momento decidí no hacerle ver que tener tal cantidad de azúcar guardada en la alacena (o en sus arterias) es todo menos algo saludable y mucho menos algo que de verdad me encante. Pero, esa batalla tendría que esperar para otro día, por ahora lo importante era poder llevarlo a darse cuenta la abundancia de recursos que tenía disponible a su alcance, porque creo que todos en mayor o menor medida hemos hecho lo que Leo, quedarnos llorando por aquello que perdimos o que se terminó y muchas veces sin habernos atrevido a expresar cuánto lo queríamos, o quedarnos sumergidos en la pena y el resentimiento y hasta incluso planear nuestra venganza contra aquello o aquel que nos arrebató la oportunidad de cumplir nuestro deseo y dejar de contar las bendiciones y todos los recursos que si tenemos a nuestro alcance y que siempre estuvieron disponibles y aguardando por nosotros.


¿Que fue lo más dulce para ti de esta historia?

¿Con que te identificaste?




 

Mayra Fernández

Creadora de Sabiduría Esencial

Facebook: Sabiduria Esencial

Instagram: https://Instagram.com/mayraafdez

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